Génesis

Al principio fueron el cielo y la tierra, la noche y el día, el mar o las estrellas. Vio Dios que todo aquello era bueno. Más tarde colocó al hombre y a la mujer en su decorado con la ayuda de un pedazo de arcilla y una costilla. “Se les va a quedar el culo torcido con la cantidad de mandanga fina que estoy creando”, debió de pensar en su infinita sabiduría.

Luego vinieron los peces, los árboles frutales o los mamíferos de los que sale el embutido. “Se la van a gozar estos cabrones”, seguía musitando para sí mismo, regocijándose en la intimidad de su universo infinito.

Pasó una noche, pasó una mañana y así una y otra vez hasta el sexto día, levantando maravillas en cualquier rincón de un mundo que iba a ser plano y luego cogió volumen.

Después de tanto trajín, al séptimo día Dios quiso descansar, echar un café tranquilo leyendo la prensa o sentarse en una terraza al sol de la primavera (para eso la había creado), con un refrigerio y un buen pitillo de esos que sueltan humo. Pero le faltó algo. Por primera vez Dios se sintió medio vacío.

Entonces creó el taburete y una barra que llenó de pintxos. Puso un tirador de cerveza, cuatro paredes y un tejado encima. Vio Dios que aquello era cojonudo, al invento le llamó bar y al octavo día por fin pudo descansar.

Como suele pasar, las ideas de Dios se envilecen con el tiempo, conforme pasan de mano en mano, por culpa de Satán o del libre albedrío. Y lo que empieza siendo un acto celestial acaba degenerando, por ejemplo, en lugares como el Gure. Por allí no se espera presencia divina. Ni falta que hace, dirán algunos. En cambio, un enjambre de pequeños demonios lo nutre cada día y le da alegría. Son sus parroquianos, la viva imagen de una estirpe perdida.

Entre tanta maldad, desde los ventanales del bar que miran a la Estafeta, asoma de vez en cuando el santo morenico, acostumbrado en fiestas a convivir con el vicio, sacando a más de un mozo del apuro con su famoso capotico.

Más allá de Sanfermines y el encierro, en el Gure se está a gusto, se come bien, se bebe mejor y se peca mucho. Pero milagros los justos.

 

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